martes, 15 de marzo de 2011

(2/2) La sexualidad femenina




Cada vez mas está saliendo a la luz la existencia de una sociedad superior pacifica, LA MATRISTICA (A)(B)(C) y al hablar de esta sociedad superior con lleva a hablar de su estructura social y de su conocimiento de una sexualidad hoy olvidada, escondida, la sexualidad femenina.

Muchos creen que al hablar de la mujer, de su recuperación -de la madre- se está poniendo de lado al hombre; nada mas equivocado pues en realidad hablar de la recuperación de la mujer involucra recuperar al hombre, recuperar la sexualidad de la mujer involucra recuperar la sexualidad de las criaturas, de hombres y mujeres. Muchos se quejan que la sexualidad está desquiciada, pero no se preguntan ¿porque sucedió o sucede esto?, si la sexualidad está desquiciada, es porque hubo y hay una represión de la sexualidad infantil de hombres y mujeres en la etapa primal, en la infancia una represión que causa enormes grietas no solo a nivel psíquico sino a nivel somático en las personas.

Hoy much@s nos hemos dado cuenta que no solo la mujer ha perdido con esta represión o anulación, sino también el hombre, si no ha desaparecido esta en vía de extinción, las consecuencias de esta represión son muchas, aquí un ejemplo con este documental "El cuerpo de las mujeres" -aunque debería ser el cuerpo de los hombres también- donde la mujer en busca de "aceptación" se escapa de ella misma y de los demás. (D).

La imagen de hombre que nuestra cultura fabrica y nos vende es la de un hombre fuerte, poderoso, que "posesiona" -una vista rápida en la media nos confirma esto- esta imagen no es la del verdadero hombre que correspondería si se recuperara a la verdadera mujer, con todo lo que implica su sexualidad femenina, el verdadero hombre sería aquel hombre que "no domina", "no somete", "no posesiona", que ama y protege no solo a su criatura, sino a otras criaturas, que proteje a las madres y que velaría para que a una criatura nunca "le falte una madre", ese sería el "verdadero hombre".

Comparto la segunda parte de este fabuloso artículo de Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro.

Marisol Paredes


La sexualidad Femenina ( Parte 2)



El cuestionamiento del orden sexual


Todo lo anterior
nos lleva al cuestionamiento del actual orden sexual, que, ya de entrada, aparece como básicamente falocrático y falocéntrico
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El orden sexual forma parte de las relaciones de dominación y de Poder que atraviesan nuestra sociedad; y no es coincidencia que la sexualidad en la sociedad pre-patriarcal fuera algo muy diferente de la sexualidad que hoy conocemos. Como dijo Freud, y toda la líbido se produce de y para el falo. La mujer es un ser castrado, y se define por lo que no tiene. Pero esto también afecta, de rebote, al hombre y a lo que se supone que es la masculinidad (*). Con la castración de la mujer, toda la sexualidad queda desquiciada, sacada de quicio.

Es dificil pensar en algo que no existe en nuestra Realidad: nos daltan la experiencia y las palabras. La sexualidad femenina pasó de ser la definición del mal (el pecado entró en el mundo por la mujer, etc.), a no existir; es indecible e impensable como requisito para que no se sienta ni exista. De ahí todos los rodeos que tenemos que dar para expresar nuestras intuiciones y la información que vamos encontrando. Hasta aquí hemos mencionado las que se refieren a la sexualidad de la mujer. Ahora vamos a mencionar algunas relativas a la sexualidad en general para avanzar en la reconstrucción del puzzle.

a) El amor al próximo

La escisión del cuerpo de la mujer y el invento del amor espiritual se inscriben en un orden general de los sentimientos [14]. Según De Choisy [15] hay datos históricos que prueban que hubo un tiempo en el que el 'amor al próximo' era físico, y era una regla en una sociedad basada en la conservación de la vida, en el bienestar y en la ayuda mutua. La espiritualización cristiana dek 'amor al próximo' forma parte del orden sexual represivo patriarcal. De Choisy cuenta también cómo, en la transición a la sociedad patriarcal, cuando empiezan a instituirse la monogamia y la exclusividad, aparecen las hetairas, lo que nuestra cultura ha llamado 'prostitutas sagradas', para "expiar el pecado del matrimonio" y mantener vivo el fluido del amor. Cuando la monogamia y la pareja se generalizan, las prostitutas sagradas se mantendrán todavía durante algún tiempo en algunos lugares junto con los cultos de la diosa Madre.

El matrimonio aparece, ante todo, como la violación de una ley religiosa. Por muy incomprensible que sea para nuestra conciencia moderna, esto tiene el testimonio de la Historia. (...) El matrimonio debía ser expiado ya que "por su exclusivismo viola la ley de la divinidad". La naturaleza no ha dotado a la mujer de tantos encantos para que se marchite en los brazos de uno solo. La ley de la materia, según esta filosofía religiosa odia la coacción, rechaza todo límite, considerado como una ofensa hacia la diosa. El matrimonio sólo fue posible después de un cambio de moral (...) La monogamia debe compensar con la prostitución sagrada su infracción a las leyes de la materia y reconquistar así la complacencia divina [16]

La religión de la diosa apareció durante la transición, en las primeras ciudades-Estado (y sus vestigios han perdurado hasta la Edad Media, con los druidas, celtas, etc), como una forma de resistencia: un modo de conservar el antiguo modo de vida y de cultivar la vida contra el Patriarcado, y por eso, entonces, las prostitutas eran 'sagradas': eran sacerdotisas de la diosa que vivían en los templos para rendir culto al amor. No es casualidad que la mariología, el culto a la Virgen Maria, aparezca en el siglo XII para machacar los vestigios de los diferentes cultos a la diosa Madre y hacer prevalecer el amor 'espiritual' sobre el amor verdadero.

Al abandono al primero que llegaba le sucede la elección de las personas; Deméter ha vencido a Afrodita. Pasamos al reino de la pareja (Marise de Choisy (ibíd.)


b) El deseo no es egocéntrico

Ahora el deseo lo induce el neocórtex ante aquel o aquella cuya imagen representa el prototipo de lo que te debe gustar, de lo que es adecuado para formar la pareja, obedeciendo al orden sentimental establecido. Hoy no podemos entender el significado de "el abandono al primero que llega" de los otros tiempos. No podemos ni imaginar algo tan simple como el deseo descodificado. Pero lo cierto es que, sin mediar la destrucción del tejido social y los procesos de devastación y de domesticación de las criaturas, el deseo no codificado es inducido por el deseo de otr@; y basta sentirse deseado para desear a quien te desea.

El deseo por su propia condición, se derrama para fundirse con otr@, y se guía por su anhelo de complacer a otr@ es cierto que, cuando de la integridad de nuestro ser mana el deseo y el sentimiento puro, su tránsito es como una caricia que lame todos los vericuetos de nuestros cuerpos y de nuestras almas; pero el hecho de que el derramamiento del deseo nos produzca placer dando, no debe de confundirnos. El deseo genuino no es egocéntrico. Como diría Kropotkin [17] se obtiene placer dando, porque la búsqueda del placer y la solidaridad son las vías generales del mantenimiento y de la expansión de la vida. Y no hay en ello nada misterioso ni romántico: sin esta cualidad (la ayuda mutua y la búsqueda del placer o de 'lo agradable') el reino animal jamás se habría desarrollado o alcanzado su perfección actual. Desear a otr@ es ante todo deseo de saciar sus deseos; y al saciar los deseos del ser deseado, nos fundimos y nos saciamos. El complacer del placer, y el placer de complacer. El sentir del consentir, y el consentir de los sentimientos que se originan precisamente para expandirse -la condición del mantenimiento de la vida es su expansión (Ibídem)-. y por eso decimos que, en su origen, los deseos no son ni posesivos ni egocéntricos. La posesividad, con palabras de Deleuze y Guattari, es un contraefecto de la represión.


Nuestra condición humana está preparada para la abundancia de la producción de los deseos, de unos deseos saciables; y no para la carencia ni para la frustración. Pero el orden social tal y como está constituído, frustra y asfixia nuestro anhelo de vida desde el mismo nacimiento, y crecemos con los deseos bloqueados y reprimidos. Y ese anhelo profundo reprimido, que habita en lo más hondo de nuestro ser, es el que se idealiza y se canaliza hacia el 'amor' posesivo, con toda su fuerza contenida y con toda la ansiedad acumulada durante años. La criatura humana abandonada por sus congéneres se convierte en individuo en busca de compañía. El deseo se ha transformado ya en miedo a carecer, y este miedo, a su vez, en afán de poseer a otr@. Hemos entrado en el reino de la pareja, que presupone el reino del individuo.

El ego es el resultado del bloqueo del flujo de la vida; cuando el deseo deja de fluir, el ser humano queda en soledad, y aparece el individuo, que trata de compensar la carencia y la soledad con la posesión; por eso su 'identidad' se define por lo que retiene, acapara y convierte en su posesión ('mi' papà, 'mi' mamá, 'mi' casa...); aparece el 'yo-poseedor' por contra del yo-vivo-disuelto: por contra del vivir disuelto que hace innecesaria la metafísica y la 'identidad'.

El 'ego' se forma por la imposibilidad del deseo de fluir y con la descomposición del amor, por un lado, en 'amor' sexual posesivo, que si es egocéntrico; y por otro, en 'amor' espiritual, que puede que no sea egocéntrico, pero que está desprovisto de deseo
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El 'amor', el desprendimiento, la generosidad gozan de un prestigio hipócrita en nuestra sociedad siempre y cuando sea un sentimiento mutilado, no sea amor sexual. ¿Por qué, en medio de tanta generosidad, el amor sexual tiene que ser posesivo, exclusivo y egocéntrico? La respuesta es clara: el deseo es el sustento de la ayuda mutua, y el Poder no puede manipular y controlar la vida mas que mutilándola.

El 'ego' es una impostura que aparece con las relaciones de Poder. L@s antrop@logos han constatado en ciertas tribus la inexistencia de la identidad individual; la conciencia que cada cual tiene de si es la mera pertenencia a un grupo, la de ser parte de un grupo humano; a esta forma de percibirse lo han llamado miméticamente 'sistema de identidad grupal'.

c) La sociedad matrifocal

Según la antropóloga Martha Moia [18], en la estructura social matrifocal, la 'identidad' era grupal y la convivencia estaba basada en el deseo (sexual) materno de bienestar directamente vinculado a la conservación y protección de la vida. Se trataba de "ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida". Los mayores y los fuertes cuidaban y protegían a los pequeños y a los débiles como requisito de bienestar de conservación del grupo. La ayuda y no la lucha eran la garantía de la vida. Del reconocimiento de la madre y de su amor materno, brotan los sentimientos de fraternidad; Bachofen decía del amor materno:

Su principio es el de la universalidad; en cambio el principio patriarcal es el de la restricción... La idea de la fraternidad universal de los hombres tiene su raíz en el princiio de la maternidad; por ello, esta idea desaparece con el desarrollo de la sociedad patriarcal... El seno materno puede dar hermanos y hermanas a todo ser humano... con el desarrollo del principio patriarcal, esta unidad desaparece y es sustituído por el principio de jerarquía... [19]

La represión de la maternidad, la 'espiritualización' del deseo materno, es un punto clave porque desconecta a la madre de los deseos de sus criaturas y los bloquea; es decir, organiza el abandono y la soledad de las criaturas, humanas, la devastación necesaria para la construcción del individuo. El dolor del útero rígido es compatible con la espiritualización del amor materno, pero el útero que palpita gozoso no sería compatible con ese 'amor' espiritual que organiza la supervivencia en la soledad y en el abandono afectivo.

Inmediatamente después de nacer, nuestros próximos se nos alejan, nos abandonan, y crecemos 'amando' patológicamente, sintiendo pudor y vergüenza de nuestros cuerpos y de nuestros sexos. El sentimiento del pudor y el asco hacia los flujos de los cuerpos son los muros que nos separan de nosotr@s mism@s, que rompen nuestros cuerpos y nos separan de l@s demás. El tabú del incesto, en cuyo nombre se separan a la madre de la criatura, es la norma suprema que produce el 'amor' espiritual; en realidad, es la Ley cuyo cumplimiento despieza los cuerpos.

Pezones de plástico

No nos vamos a extender en todas las pruebas que delatan la represion de la sexualidad primaria, materno-infantil. Remitimos a quién le interese al libro La represión del deseo materno [20]. Solo mencionaremos una: La existencia generalizada en nuestra sociedad de pezones de plástico (chupetes, biberones, etc.) como prueba material de la destrucción de esta sexualidad y del desierto creado por nuestra cultura en la etapa primal de la vida humana. Porque lo peor no es que el pezón sea de plástico, sino el cuerpo humano que falta destrás del chupete.


d) El desierto afectivo

La destrucción del modo de convivencia basado en la ayuda mutua corrompe la sexualidad y crea el desierto afectivo.

Tres cosas prueban de forma irrefutable que nuestro orden sentimental, a pesar de Cupido, de San Valentín, etc, etc, es un desierto afectivo, 1) La angustia existencial que forma nuestro esqueleto psíquico, y que nos acompaña durante nuestras vidas a niveles más o menos profundos, y que por eso aflora cuando las cosas nos van mal (las famosas 'depresiones'). Esto se debe a lo siguiente: la sociedad no reconoce ni acepta a las criaturas humanas como seres productores de deseos; y eso significa que desde que nacemos nuestra existencia está cuestionada por la sociedad. Aunque no nos lo digan, aunque no lo sepamos, nuestro inconsciente sí sabe que la negación de nuestros deseos es la negación de nuestra vida. Esto no es 'civilización', esto es un cuestionamiento de nuestra existencia que produce la angustia y el miedo que larvan en nuestro interior y que salen a la superficie según las circunstancias. 2) La insaciabilidad en el afán de poseer, es otra 'prueba', insaciabilidad que ha ido variando sus manifestaciones a lo largo de la historia del Patriarcado. 3) Y, en fin, tenemos la aparición del animal de compañía, del 'pet', con toda su industria, como consuelo y nimia compensación del desierto; tanto más extendido cuanto más desarrollada está la sociedad patriarcal y hay más individualización y más soledad.

Está claro que en este desierto, la pareja, o el espejismo de la pareja, es el oasis, real o virtual; el mal menor. Como lo es para el niño del orfanato que una familia bien constituida lo adopte.

No se puede restablecer el tejido social sin restablecer la sexualidad, eso que hoy se ha convertido en un comercio, un trueque individualista y egoísta; en una sexualidad deformada, tecnificada y limitada por una disciplina que reprime y canaliza las descargas limitada por una disciplina que reprime y canaliza las descargas energéticas hacia estereotipos que ahora se fijan y se expanden con la tecnología audiovisual; un orden sexual falocrático que directamente aniquila el vínculo de la sexualidad con el apoyo mutuo y lo sustituye por la posesión, la prepotencia y la competencia. Como decíamos antes, la sexualidad está desquiciada y para empezar a ponerla en su quicio hay que restablecer la sexualidad femenina y la madre antigua que, como decía Lope de Vega "a cuanto vive aplace"; así podría fluir la emoción erótica para regenerar y sustentar el tejido social humano.

No sirve reivindicar el 'amor libre' sin más. Porque hoy por hoy las relaciones sexuales son relaciones de Poder; tanto en el sentido de la dominación de un sexo sobre el otro -y por ello solo hay sexualidad falocéntrica-, como en el sentido de que 'amar' es apropiarse, poseer y acaparar al/a la otr@. Reivindicar el 'amor libre' tal cual es como reivindicar la economía libre en el mundo capitalista.

Convertir las relaciones sexuales en relaciones de Poder es algo muy simple y ha sido sumamente eficaz para ordenar todas las relaciones sociales y asegurar su reproducción con las generaciones de hombres y de mujeres.

De la armonía entre los sexos y entre la generaciones se pasa a la guerra y a las relaciones patológicas que conocemos en la sociedad actual: y en el centro de todo ello, el hecho crucial de la devastación del cuerpo de la mujer.

La recuperación de la sexualidad de la mujer: escuchar y sentir el latido del útero

La civilización patriarcal cambia el principio de la vida por el de la muerte, y por eso ha tenido en el cuerpo femenino su principal enemigo y su objetivo estratégico central; Romeo de Maio [21] decía que la historia del cuerpo femenino, en nuestra civilización es una iliada de sufrimientos. En el Génesis también se ordena la destrucción de la serpiente (el símbolo de la sexualidad de la mujer) y la prohibición de su conocimiento. Porque si la mujer pare sin deseo y con dolor, y si se aparta de ella a la criatura en el momento del alumbramiento (para cortar el deseo y la producción hormonal que regularía el acoplamiento de ambas), la criatura queda privada de la carga energía que le corresponde a su integridad humana, al tiempo que la madre queda insensibilizada; insensibilizada ante los deseos y ante el sufrimiento de su prole; es decir, capacitada para realizar las funciones nutricias materna de manera fría y aséptica, con la disciplina y la represión establecidas en el orden social.

El parto será doloroso mientras las reglas de las adolescentes sean dolorosas, es decir, mientras no exista una cultura que restablezca la unidad psicosomática el cuerpo de la mujer, que respete, cultive y de conciencia a la mujer de su condición, de su sexo, de su sexualidad, de lo que en realidad es. Una cultura que reconozca nombre el latido del útero como el latido de la vida. A menudo decimos que el parto actualmente es una violación del cuerpo de la mujer, como lo es el coito cuando la mujer no lo desea, cuando no opera el deseo y se realiza en estado de rigidez, de sequedad, con desgarros.

Para la recuperación de la sensibilidad uterina y de la sexualidad de la mujer, tenemos que explicar a nuestras hijas desde pequeñas que tienen un útero, para qué sirve y como funciona.

Las mujeres tenemos que poner en funcionamiento nuestro neocórtex para que nuestra conciencia asuma y asimile el útero: para que lo reintegremos en la percepción de nuestro cuerpo; para recomponer nuestro cuerpo despiezado y que fluya la corriente de sensibilidad entre el útero y la conciencia.

Tenemos que aprender a escuchar y a sentir el latido del útero; practicar la visualización y la concentración en el útero; y también recuperar la cultura arcaica y su mundo simbólico que han definido y expresado la verdadera sexualidad femenina y la regeneración de la vida.

La danza del vientre, en sus orígenes ancestrales, no debía consistir sólo en el movimiento del esqueleto pélvico; de hecho, si se realizan los ejercicios que en algunos sitios se recomiendan [22] para la preparación al parto, para ejercitar los músculos pélvicos, si la mujer se concentra en el útero, si ha recuperado en alguna medida la sensibilidad uterina, puede llegar a diferenciar los músculos pélvicos y los uterinos.

Ana Cachafeiro y Casilda Rodrigáñez

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[14] García Calvo El amor y los dos sexos y la Familia: la idea y los sentimientos. Ed. Lucina.

[15] Marise de Choisy, op cit.

[16] Maryse de Choisy, op. cit. Pág 196-7. El entrecomillado es de Bachofen citado por M.Ch. La traducción es nuestra.

[17] Kropotkin, P. Folletos Revolucionarios I.Tusquets-Acracia.

[18] En: Moia, M. El no de las niñas, la Sal Edicions de les dones, Barcelona, 1981, se explican estas características de la sociedad matrifocal.

[19] Bachofen, J.J. Mitología arcaica y derecho materno, Anthropos, Barcelona, 1988. (1ra publicación, Stuttgart, 1861).

[20] La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Madre Tierra, Móstoles 1995.

[21] De Maio, Romeo. Mujer y Renacimiento. mondadori, Madrid, 1988.

[22] Por ejemplo, en el libro del Colectivo de Mujeres de Boston: Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas. Madre Tierra, Madrid, 1996 (1ra publicación en inglés: 1977)

Fuente: Revista Ekintza Zucena: La sexualidad de la mujer
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Notas de la autora del blog:

A) Claudio Naranjo describe claro la situación actual de crisis muy profunda, es la crisis en si de toda nuestra civilización, es la crisis del Patriarcado. Me parece revelador pues pocos pensadores admiten la que nuestra sociedad es : patriarcal ; es decir una sociedad de dominación y menos que haya podido existir una sociedad diferente como la Matrística. Admite que en el patriarcado todos perdemos hombres y mujeres. Aunque se menciona como "teoría" la existencia de estas sociedades maternas pacificas, hoy tenemos pruebas que este tipo de sociedad existió.
El Ocaso del Patriarcado

B) Video de Los Mosuo es uno de los últimos reductos que aun quedan como testimonio de las sociedades maternas, una cultura materna que aun sobrevive a la dominación del patriarcado, nuestra actual sociedad planetaria.
Los Mosuo El reino de las mujeres
"- la gente aquí no cree en el matrimonio
"- ¿porque deberiamos casarnos?"
- creemos que si los dos ya no se aman deberían separarse pacíficamente
- ¿cual es el motivo para casarse?
- ¿porque quisieras el certificado de matrimonio para encadenarte a ti mism@, no es cierto?
- Ustedes son diferentes si el/la hij@ no tiene padre, la gente les diria 'bastardo' aqui ¿quien diría eso?"


C) En el libro El Asalto al Hades de Casilda Rodrigáñez describe con amplia información como la arqueología destapa la existencia de esta cultura superior LA MATRISTICA.

D) Documental que retrata muy bien lo que nuestra cultura nos muestra mediante la media, una imagen de mujer -seguro que los hombres también- que se esconde de ella misma y de los demás:
El cuerpo de las mujeres
"La constatación que las mujeres, las mujeres reales, están desapareciendo de la televisión y que son reemplazadas por una representación grotesca, vulgar y humillante. La pérdida nos parece enorme: la cancelación de la identidad de las mujeres ocurre bajo la mirada de todos, pero sin que haya una reacción adecuada, ni por parte de las mujeres mismas. A partir de aquí, se abrió camino la idea de seleccionar las imágenes televisivas que tuvieran en común la utilización manipuladora del cuerpo de las mujeres para contar lo que está pasando no sólo a quien nunca mira la televisión, sino a quien la mira, pero "no ve". El objetivo es interrogarse y preguntar sobre las razones de esta cancelación, un verdadero "pogromo" del cual somos todos espectadores silenciosos. Luego, el trabajo puso de relieve la cancelación de los rostros adultos en la televisión, el uso de la cirugía estética para cancelar cada huella del paso del tiempo y las consecuencias sociales de esta remoción."

(1/2) La sexualidad femenina

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